En el Colegio Waldorf Guatemala, los alumnos vienen sin loncheras. El servicio de cafetería se encarga de la alimentación de todos, incluyendo los maestros. Día a día, se sirven menús que balancean alimentos saludables, respetando la inclusión de todos los macronutrientes que nuestros cuerpos necesitan para su correcto funcionamiento y desarrollo. También, se cuida minuciosamente que los ingredientes sean de la más alta calidad y que toda la comida sea del gusto de todos.

Los alumnos se habitúan a la comida saludable y empiezan a generar una preferencia por la misma. Aprenden a tener gusto por los distintos tipos de sabores y de texturas. Además, al comer todos juntos y lo mismo, se crea un sentido de comunidad, de compartir y de igualdad. Es realmente maravilloso el poder observar las refacciones y almuerzos de los alumnos en el colegio, todos sentados comiendo y compartiendo en la cafetería, en un ambiente de bienestar y armonía.

En el Preescolar, donde un ritmo habitual es primordial, el menú de almuerzo rota (se repite) cada tres semanas. En cuanto a la refacción, ésta se repite semanalmente y varía cada estación. Esto sigue con el patrón rítmico con que se presentan el resto de elementos y actividades del currículum.

Parte de la lógica detrás del ritmo del preescolar, con sus marcadas repeticiones cíclicas (en todo sentido), es dar una cadencia que le brinde mayor seguridad a los niños, tanto en sí mismos como en su entorno, ya que les permite conocer lo que vendrá y lo que hay que esperar, y hacer, cada día. También, esto contribuye a crear un ambiente de orden y de armonía, tanto a nivel grupal como individual, a cultivar la paciencia, a controlar los impulsos y a tener una mejor convivencia en general.

Además, el menú rota estacionalmente para que los niños tengan una exposición repetida a diferentes sabores y texturas. Esto con el fin de crear, pacientemente, una habitualidad y un gusto amplio por los distintos alimentos.

Es por esto que la comida es una parte muy importante del proceso de aprendizaje, ya que los niños pueden crecer en un ambiente adecuado, en todo sentido, y desarrollarse plenamente en una vida y cultura de bienestar.

–       Elenita de Méndez-Ruiz

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